Formandos

Se entiende como aquellas personas a las que concierne directamente el proceso de formación. Sólo el formando puede llevar a cabo el proceso de crecimiento, interiorizando los valores que sustentan su vida, personalizando las relaciones y asumiendo positivamente los acontecimientos. Por eso, el primer responsable de su formación es el propio formando. Ser formando es ser discípulo en la escuela del seguimiento de Jesús, aprendiz en el taller de la Fragua en el que se forja el misionero como hijo del Corazón de María, ser aprendiz implica seguir activa y personalmente los pasos del Maestro.

 

Para ejercer eficazmente su labor, los formandos han de poseer algunas cualidades específicas:

 

  1. La responsabilidad que abarca todo lo que directa o indirectamente puede afectar su propia formación.
  2. Cultivar la docilidad al Espíritu, abriendo la mente y el corazón a la Palabra.
  3. Leer, meditar y estudia la Palabra de Dios de la cual será mensajero.
  4. Dejarse forjar en La Fragua del Corazón de María.
  5. Examinar la sinceridad de su intención y la autenticidad de sus motivaciones, purificando estás, si hubiere lugar.
  6. Conocer y desarrollar sus aptitudes en la línea de nuestra misión.
  7. Promover la armonía de su ser recurriendo a su conciencia, allí donde se encuentra sólo con Dios, cuya voz resuena en su propia intimidad.
  8. Tener espíritu de iniciado para aceptar las mediaciones que el señor pone al servicio de su desarrollo; también para aprender de ellas, de la tradición de la iglesia y de la congregación.
  9. Vivir su formación como un proceso que dura toda la vida y que exige una respuesta al Señor siempre atenta, nueva y responsable.
  10. Respetar los ritmos de su propia maduración y resolver adecuadamente las situaciones conforme van apareciendo, las crisis, los conflictos y las tensiones.
  11. Usar los medios adecuados para salvaguardar la salud física, mental y espiritual.
  12. Sentirse corresponsable en la formación de sus hermanos.
  13. Asumir la formación inicial en filosofía y teología que lo capaciten adecuadamente para el servicio misionero de la Palabra, usando responsable las TIC y aprendiendo nuevas lenguas.

“Formación de misioneros, Roma, 1994”