Formadores

 

Entendemos por formadores a aquellos sobre quienes recae una responsabilidad inmediata sobre la formación integral de los candidatos. Su tarea específica se articula con la de los demás misioneros dentro de la única y común misión Claretiana. A través de los formadores actúa el Espíritu de Jesús. Por eso, vivir a la escucha del Espíritu y estar atentos a sus mociones e inspiraciones, ha de ser una actitud permanente tanto del formador como del formando.

 

Para ejercer eficazmente su ministerio los formadores han de poseer algunas cualidades específicas:

  1. Capacidad humana de intuición y acogida.
  2. Experiencia madura de Dios y de oración.
  3. Apertura para formar equipo con otros formadores.
  4. Amor a la iglesia, a su tradición apostólica y a su liturgia.
  5. Amor a la congregación y conocimiento de su historia.
  6. Sensibilidad y experiencia pastoral, identificándose con las opciones y sujetos preferenciales de nuestra misión.
  7. Necesaria competencia cultural y pedagógica.
  8. Disponibilidad de tiempo y buena voluntad para acompañar a cada formando y al grupo.
  9. Recta comprensión de su responsabilidad en el acompañamiento espiritual.

 

 

En lo que respecta a las funciones del formador y del equipo de formadores, con respecto a cada formando en particular y al grupo en conjunto:

 

  1. Discernir con los formandos la obra que Dios va realizando en ellos y los caminos por los cuales los quiere hacer avanzar.
  2. Acompañarlos en sus distintas etapas de crecimiento, respetando su ritmo y ofreciéndoles en cada momento la ayuda necesaria para su desarrollo.
  3. Proporcionarles en cada fase un alimento sólido, doctrinal y práctico, que responda a sus necesidades personales, a las exigencias del momento presente y a sus responsabilidades futuras.
  4. Evaluar los resultados obtenidos y juzgar si posee las capacidades exigidas por la iglesia y la congregación para continuar los procesos.

“Formación de misioneros, Roma, 1994”