Comunidad formativa

La formación es una obra de la Comunidad Claretiana. En ella está implicada toda la congregación, pero es la comunidad formativa la que tiene como finalidad directa la formación. Esta debe esforzarse para alcanzar los objetivos del plan de formación preocupándose particularmente de:

 

  1. Ser, ante todo, comunidad de vida, ámbito de fraternidad, de oración, de trabajo misionero y apostólico y por lo mismo de pertenencia congregacional.
  2. Crear vínculos que faciliten la maduración afectiva, fomentando relaciones interpersonales basadas en la fe y en la caridad, que preparen también para el trabajo en equipo y para la colaboración misionera que el fundador buscaba.
  3. Ayudar a cada uno a cumplir fielmente la propia responsabilidad mediante el servicio personal.
  4. Emplear el diálogo como instancia de discernimiento y corresponsabilidad mediante el servicio personal.
  5. Aceptar la cruz de una fraternidad que se construye también en la prueba y la tribulación, llevando los unos las cargas de los otros.

 

 

Una de las experiencias fundamentales en la vida claretiana es la vivencia comunitaria a ejemplo de Claret y los apóstoles. Cada miembro de la comunidad ha de esmerarse en procurar hacer de esta experiencia formativa una verdadera familia.


“Formación de misioneros, Roma, 1994”